Una vida con proposito – Dia dos

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No soy un accidente y nada ocurre por accidente. Pienso en los “accidentes cósmicos”, en una frase que dice uno de los escritores que menos me gusta (por no ponerlo en otros términos): “el universo conspiró para que ocurriera”. Tomo una bocanada de aire y pienso en que es la voluntad de Dios de que en este momento yo este respirando, no es un accidente cósmico, ni mi nacimiento ni el que yo esté vivo ahora. Wow no deja de ser un pensamiento existencialista. Todo tiene un proposito y es para Dios. “Jehová cumplirá su propósito en mí. Tu misericordia, Jehová, es para siempre; ¡no desampares la obra de tus manos!” Salmo 138:8.

“Por su amor, nos predestinó para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,” Efesios 1:5. Y esa adopción tampoco ocurrió por accidente.

«Oídme, casa de Jacob y todo el resto de la casa de Israel, los que yo he traído desde el vientre,  los que habéis sido llevadosdesde la matriz. Hasta vuestra vejez yo seré el mismo
y hasta vuestras canas os sostendré. Yo, el que hice, yo os llevaré, os sostendré y os guardaré.” Isaias 46:3-4. Y es una promesa que no cambia. Dios tampoco comete errores.

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